La Rosa

“En el comienzo, el universo era uno y estaba comprimido en una masa de calor y energía. Entonces ocurrió La Expansión. La Expansión dio vida al universo, y el universo a otros universos paralelos. El universo original se encontró a sí mismo frente al caos, mismas acciones que con una mínima variable, puede tener varios resultados distintos. En un nivel de superposición cuántica, todas esas variables ocurren al mismo tiempo hasta que alguien observa su resultado, y es en ese momento único en menos de una mínima fracción de micrón donde todas las variables ocurren, que otros universos son creados. Imaginen por un instante, si el anfibio no hubiera evolucionado en un primate. Si en ese mínimo momento que la biología dio paso a la evolución, hubiera ocurrido de otra forma, ¿qué fue de la humanidad entonces? Ese otro mundo sin humanidad, puede existir en otro universo.”

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<<viernes 22 de abril de 2016, Buenos Aires, Argentina>>

                Lucía se despertó agitada, imágenes de horror la azotaban en sueños. Una vieja arrugada riéndose, un ser de piel oscura, un gigante con tentáculos, un hombre enmascarado, un anciano de traje negro y Alexia corriendo hacia un espejo. No eran sólo sueños, también recuerdos. Su cuerpo estaba transpirado y respiraba con agitación. Desnuda a su lado estaba Alexia descansando tranquila. Ella, sin embargo, decidió levantarse, se colocó una remera larga de una banda de rock y se colocó una bombacha que había colgada de una silla en el hotel que se habían quedado. Un hotel barato y chico, pero lo suficientemente tranquilo como para pasar los días. No había mucho tiempo para pensar o repasar en lo que habían vivido hace dos días atrás, tenían un objetivo. Encontrar a Gabriel de los Santos y evitar el colapso de la realidad inminente en aquel lugar. Su celular marcaba como fecha el dos de mayo de 2017, pero el diario de ayer que había conseguido en la ciudad indicaba veintiuno de abril. Una de las primeras cosas extrañas, además de la fecha, había sido su celular. No recibía señal y aunque modificaran los chips y la compañía, no hubo caso. Un técnico, de aspecto desagradable y bastante misógino que la había atendido casi como si fuera una pendeja estúpida que no sabía nada de la vida, le dijo que el teléfono funcionaba en otra frecuencia de radio, probablemente de otro país y por eso no funcionaba en argentina. Y aunque ella intentaba decirle que venía de Mendoza y que allí le funcionaba perfecto, no había caso, por lo que desistió. Ninguna poseía tarjetas, y apenas les alcanzaba el efectivo que llevaban encima para comer y pagar el alquiler.

El primer día de haber llegado a buenos aires, estuvieron investigando sobre Gabriel. Era un policía retirado, que le habían dado la baja luego de haber recibido una brutal golpiza y además de algunas fotos y check-ins, en sus redes no había rastros de él desde hacía seis meses. Su última publicación era sobre el comienzo de un excitante viaje a Egipto, un viaje de “aventura e investigación” como lo había publicado en su estado. Uno de los lugares más frecuentados por él según sus redes, era una vieja casa de antigüedades en el centro, lo sabían por su reiterados “check ins” en foursquare y como no tenían su dirección particular, habían decidido aprovechar ese primer día y acercarse al lugar. Las primeras horas fueron complicadas para ambas, veían imágenes en su cabeza, imágenes que Lucía nunca había visto. Imágenes de su vida, era ella, pero distinta. Con el cabello largo todavía, y con situaciones difíciles de explicar. Alexia por su lado, no mencionaba nada de lo que ya había mencionado antes, sus historias se repetían. Es que la explicación de Argión no le fue suficiente, pero no podía perder tiempo, todo era inminente, todo ocurriría pronto y se acabaría para siempre, entonces, necesitaban seguir, y así lo intentó. Sin mucho éxito, durante varias horas esperaron a que alguien con la descripción similar a Gabriel apareciera en el lugar, pero no hubo rastro. Algunas señoras y jóvenes se acercaban al lugar con elementos antiguos y se retiraban con una sonrisa o una frustración, y otros entraban con las manos vacíos y se retiraban con bolsas de regalo. Mucha gente, para ser solo una casa de antigüedades más. Lucía se estaba desesperando y Alexia solo se limitaba a observar en silencio, durante más de cinco horas estuvieron así, en silencio. No pudo soportarlo y en un impulso de desesperación, entró a la entienda y Alexia la siguió. Allí se encontraron con el dueño del lugar, Ricardo Bavol, un hombre de aspecto gitano, de cabello gris y adornos varios en sus manos y cuello. Junto a él había una joven de aspecto hermoso, ojos grises, cabello azabache y la tez castaña con curvas que hacían que se mordiera los labios, sin que su pareja la viera.

                En aquel lugar, obtuvieron sus primeras pistas. Ricardo mencionó conocer a Gabriel, pero se mostraba reticente a hablar de él. Si no hubiera sido por Alexia que decidió mostrar el libro, quizás la conversación hubiera terminado con la policía en el lugar. Ricardo se mostró sorprendido y le contó la historia de cómo había conocido a Gabriel y un poco de lo que estuvieron haciendo, pero sin mucho detalle. Ricardo había estado investigando a través de su familia acerca del libro y su simbología sin mucho éxito, remontándose a épocas antiguas, a la época de las cruzadas e incluso mucho antes. Lo asociaba en parte a cuestiones religiosas, de ocultismo y demás, pero Alexia no confiaba para decirle lo que Argión les había contado, por lo que decidieron simplemente escuchar por un tiempo y sin respuestas sobre el paradero de Gabriel. La conversación entre los tres era algo difícil para ella. Le costaba confiar en el hombre, y parecía preguntar más tratando de sacar información que la que decía. Además, la forma en que contaba la historia le parecía poco creíble, pero era el único que conocían que sabía de Gabriel por lo que decidieron, con tan solo mirarse, seguirle el juego. Había intentado conectarse al wi-fi del negocio, pero su celular tampoco encontraba aquellas señales. Luego de una intensa insistencia de Alexia sobre encontrar a Gabriel, Ricardo accedió a contarles sobre él. Pero no fue en absoluto alentador. Les había contado que llevaba un diario de todos sus descubrimientos e historias respecto al Trotamundos, y que entre ambos habían investigado lo más posible sobre el mismo y su contenido, el cual para ellos era todo de hojas en blanco. En una de sus investigaciones, Gabriel había llegado a la conclusión que encontraría más respuestas en un lugar específico de Egipto, en el desierto precisamente. Supuestamente allí, existe una tribu muy antigua que serían los primeros en encontrarse con aquel libro o incluso tal vez quienes lo habían escrito, si es que algo escrito tenía. Sin embargo, eso había sido hace ya seis meses y nadie había vuelto a saber nada de él ni del libro. Ambas estaban a punto de desistir y rendirse, pero quizás fue el gesto que habían colocado en sus rostros, o alguna intención que desconocían, que Ricardo las alentó a buscar sobre él en su departamento de San Telmo. No muy lejos de donde estaban ahora, pero la noche había caído ya en la ciudad y por alguna razón, Lucía se sentía muy asustada. Desde que habían salido de la ruta y experimentado aquello con el hombre de la máscara, no quería quedarse fuera en la noche. Ricardo les recomendó un hotel muy accesible, el mismo en el que se encontraban hoy. Esa misma noche, Lucía había tenido pesadillas también.

A la mañana del día siguiente decidieron seguir investigando y se metieron en un locutorio a navegar por internet buscando más pistas de Gabriel. Fue en ese momento que ambas decidieron ver la fecha en la que se encontraron y discutieron largo tiempo sobre lo imposible que estaban viviendo. Habían salido en mayo del 2017 desde Mendoza, y llegaron a Buenos Aires el 20 de abril de 2016. El tiempo se había vuelto muy confuso para ellas, pero lo único que sabían era que en poco más de un mes se acabaría todo al menos que, encontraran a Gabriel antes. Aquel día, mientras guardaban la dirección y memorizaban como llegar al departamento de Gabriel, Lucía decidió aprovechar el tiempo e investigar sobre Alexia, quizás encontraría algo nuevo, pero, sin embargo, se encontró con lo mismo que antes, sin rastros ni de su nacimiento. Sobre sus padres, esta vez, encontró menos información, pero no tuvo tiempo de seguir indagando. Su pareja se notaba nerviosa y distante. Hablaban muy poco entre ellas más allá de lo estrictamente necesario y la noche anterior, cada una durmió de su lado de la cama, dándose la espalda y sufriendo las pesadillas sin molestarse la una a la otra. Ya no le agradaba la situación que vivían, quería amarla, quería coger con ella, quería disfrutar y embriagarse un fin de semana, pero, no quería en absoluto nada de lo que estaban viviendo en este momento, ni monstruos, ni observadores, ni Argión, solo ellas y su sexo en una noche de pasión. Cada vez que intentaba acercarse y besarla, Alexia se mostraba más distante, más ajena. Casi una extraña. Sus ojos tristes habían cambiado, su mirada era algo inexpresiva, carente de emociones. Quizás era ella que no habían caído aun en la realidad que se encontraban y por eso se mostraba más optimista, más viva, aunque agotada. Quizás Alexia si había entendido el peso que llevaban en sus hombros y no tenía tiempo para el amor. Quizás Alexia ya no la necesitaba, pensó, quizás sólo la arrastraba. Alexia era la trotamundos, no ella, ella era una simple compañía. Fue en ese pequeño instante entre la salida del locutorio hacia la calle, que entendió que debía apoyarla con independencia, haciendo valer su lugar en aquella misión y aquella realidad. Había intentado tomar la iniciativa y con ella a la cabeza, se dirigieron hacia la casa de Gabriel.

La circunstancias resultaron complejas, el edificio era antiguo, de cuatro pisos y con dos departamentos por piso, por lo que necesitaban llegar al tercero, sin que nadie las viera. Para empezar, debieron esperar a que alguna señora de avanzada edad saliera sin fijarse de cerrar la puerta principal, que, para su suerte, ocurrió. El edificio no tenía ascensor por lo que tuvieron que subir las escaleras, los pasillos eran totalmente viejos y descuidados con manchas de humedad enormes decorando y deshaciendo la pintura de las paredes. El lugar era el 3°A, con balcón hacia la calle. Alexia, que había practicado en su futuro apocalíptico forzó su entrada. Al entrar se encontraron con el lugar desordenado, parecía que alguien había estado allí hace no mucho buscando algo y se había ido con mucho apuro, o al menos eso pensó Lucía. Revisaron con calma el lugar, seguras que encontrarían algo olvidado que les sirviera para encontrarlo. Alexia se sentó frente a un escritorio con una computadora que estaba encendida aún, ella mientras tanto seguía buscando entre el desorden del departamento, cualquier cosa que las acercara a su paradero. Entre ropa sucia y una caja tirada en el suelo, Lucía encontró un cuaderno con tapa de cuero, negro, bastante viejo y maltratado. Era el diario de Gabriel. Emocionada se acercó a su compañera y le leyó algunas páginas, pero se encontró con que las últimas hojas hablaban del encuentro con Ricardo hace dos años atrás y el resto habían sido arrancadas. En ese momento sintió un escalofrío, Alexia confesó saber la posible ubicación de Gabriel, pero que alguien las observaba. Al mirar por la ventana se encontró allí, parado en una esquina, un hombre de traje que parecía mirar hacia el lugar. No estaban muy seguras de que fuera un observador, pero tampoco lograban ver el rostro por completo para asegurarse y decidieron irse del lugar lo más pronto posible. Con el diario en la mano salieron hacia la calle y con mucha cautela buscaron al hombre de traje, pero no volvieron a encontrarlo, esperaron un taxi y volvieron al hotel. Aquella tarde, Alexia se había mostrado más animada con los hallazgos y decidieron gastar un poco de los pocos pesos que tenían en unos celulares viejos con chip de línea pre-paga para estar en contacto. Eran unos muy viejos, de pantalla táctil y pequeños. Ya en el hotel, Alexia le contó un poco más sobre la posible ubicación de Gabriel. Había encontrado en su computadora algunas cosas sobre cuatro departamentos que habían pertenecido a su abuela, de los cuáles tenía llave y estaban sin alquilar hace mucho tiempo acumulando deudas. No fue una información fácil de encontrar, pero parecía que se volvía un poco experta en el asunto y, revisando mucho documentos logró con la dirección de los cuatro lugares, pero, todos quedaban muy lejos de donde se encontraban. Un departamento estaba en el barrio Saavedra, otro en Liniers, y los últimos dos fuera de la ciudad, uno en San Justo y otro en Haedo partido de Morón, dentro del conurbano bonaerense. Alexia, que conocía más el lugar, le indicó como moverse para que fuera primero al departamento en Liniers y luego al de Saavedra, mientras ella iba al de San Justo y Haedo. Con los nuevos teléfonos podrían comunicarse para saber la una sobre la otra. Esta energía, esta animosidad que notaba en Alexia, encendieron nuevamente algo en ella, una pasión que afloraba imposible de ahogar. Aquella noche, habían hecho el amor de nuevo después de tanta frustración.

Después de un desayuno rápido y sin despertarla, Lucía se había decidido a salir antes que su pareja a investigar los lugares que le había indicado. Bajó por el ascensor del edificio, saludó al recepcionista del hotel y salió a comprar un café en un famoso local que tenían cerca a pesar de haber desayunado ya. Se habían hospedado en el centro, cerca de la avenida 9 de julio y Rivadavia y sobre esta segunda avenida, esperó pacientemente el colectivo que la llevaría al primer departamento en Liniers.

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“Así como los cuerpos celestes y los astros flotan en el vacío del universo y se mueven a través de él atraídos y repelidos por la fuerza de gravedad de astros más grandes, los universos, como realidades paralelas, flotan en el espacio entre el espacio, en el Argión. En movimiento constante sostenidos por la fuerza única y primordial. El Argión. Y cuando las millones de variables acontecen en el caos del universo, se produce la Singularidad, y de ella nace otro universo. Las Singularidades no son accidentales, son parte del Argión y de su voluntad. Donde todo se mueve, todo existe y todo se conecta. Pero, así como una Singularidad crea un nuevo universo, otra Singularidad puede destruirlo”

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Alexia despertó algo nerviosa al no encontrarse con Lucía a su lado, pero al revisar el celular encontró un mensaje en el que le avisaba que había salido a buscar pistas sobre Gabriel a los departamentos de capital. Con solo un vaso de jugo de naranja y una tostada en el estómago, salió corriendo para aprovechar el día y no quedarse atrás. El viaje que le tocaba a ella era más largo y no podía perder tiempo. Antes de salir, guardó en la mochila aquella pistola que habían conseguido en la ruta. A las apuradas y sin reparar en nadie, tomó el subterráneo hasta Constitución y de ahí fue en tren hacia Haedo. El viaje fue largo y monótono. Siendo día de semana y yendo a contramano del resto de la población, pudo viajar sentada y observar con cierto descreimiento la ciudad viva. No aquella ciudad que había habitado, destruida, abandonada y con cadáveres por doquier. Sino una ciudad viva, palpitante, monótona y trajeada. Los vendedores ambulantes, los chicos pidiendo monedas, los borrachos, los jóvenes, la policía, los bebés llorando, las madres embarazadas, etc. Contenta y esperanzada de que podría salvar ese mundo del destino del suyo si hacía las cosas bien y encontraba al misterioso hombre que lo conectaba todo. Después de casi dos horas de viaje llegó a Haedo, una casa vieja de techo bajo y sin otro piso. Abandonada, vacía. Lucía le había escrito que tampoco encontró nada en Liniers más que un departamento sin muebles si quiera. Hablaron un rato por teléfono, le reprochó el irse sin avisar, pero se saludaron con palabras tiernas y continuó viaje hacia San Justo, esta vez esperando un colectivo de media distancia. Ya cerca de las 14hs, con el colectivo lleno de gente y viajando parada, durante casi una hora más observó la gente que la rodeaba y el bullicio de los pasajeros y el tránsito con un corazón agrandado de emoción. Se bajó en la rotonda de San Justo, compró una gaseosa y un pancho con papas en un pequeño kiosco y caminó hacia su destino. Llamó a Lucía varias veces, pero esta no le contestó y empezaba a preocuparse. Ella ya debería de haber llegado al departamento de Saavedra, por lo que le asustaba que algo le hubiera pasado. Apuró el paso y volvió a llamar, hasta que la atendió por fin, mientras ella ingresaba cautelosamente en el departamento de San Justo, cerca de la plaza central.

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Durante eones, el Argión existió como sólo una entidad etérea que todo lo rodeaba, hasta la aparición de las primeros seres sapientes. Tanto en su tierra, como en las otras, observó con atención y manipuló las Singularidades para crear y destruir a su antojo. Creó Tierra Prima, el primer universo y luego los Universos Primo, aquellos universos únicos y primordiales de los cuáles con la Singularidad, se multiplicaron en Universos Menores. Entonces de su luz creó también al Primer Viajero. Uno en espíritu con Argión, pero con cuerpo material, viajó entre los universos enseñando y predicando sobre el Argión. Y entonces, el Primer Viajero creó la Ciudad Blanca y en ella el Observatorio. De Tierra Prima, el universo original trajo a los Observadores y de cada Universo Primo, trajo a los sapientes más idóneos a los que enseñó sobre el Gran Viaje. Cada ser primordial de cada raza de cada universo se convirtió entonces en un Viajero. Con el Gran Viaje, los Primordiales se paseaban por sus Universos Menores, predicando la existencia de Argión, La Ciudad Blanca y el Primer Viajero y durante otros eones más, la Realidad continuó existiendo. Cada universo creado de la Singularidad ocupa su propio espacio y no puede habitar junto a otro universo, su tiempo, sus formas, sus historias, aunque comunes al universo Primo, son distintos. Algunos se encuentran en un futuro distante y otros siguen en el pasado ya que el tiempo en el Argión es todo el tiempo y el único presente y ahora es en el”

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Lucía salió de una vieja casa de Liniers con el rostro ensombrecido de tristeza y sueño. Las pesadillas la acosaron un poco al quedarse dormida en el colectivo en lo que duró su viaje hacia allí. Además, por haberse levantado temprano se sentía cansada a pesar de tanto café. Habló con Alexia por celular un breve instante y emprendió marcha hacia Saavedra en otro colectivo. Por momentos, tenía la extraña sensación de que alguien la seguía, miraba hacia todos lados sospechando de quien sea que la mirara un poco más de lo normal. Lo cierto era que, por su forma de vestir y ser, llamaba algo la atención y terminaba mirando mal a todo el mundo. Incluso había discutido con un señor al que insultó de viejo pajero, y porque así le pareció verlo. Era la primera vez que estaba en Buenos Aires y todo le parecía nuevo, además que jugaba a imaginar aquel lugar como el que Alexia le había contado, destruido, abandonado. Siguiendo las direcciones del mapa en su celular, caminó algunas cuadras luego de bajar de su transporte y encontró un viejo edificio con algunos departamentos. De apenas tres pisos, antiguo y abandonado. La puerta no tenía una cerradura muy compleja, por lo que pudo forzarla tal como Alexia le había enseñado y se coló en el lugar. El edificio estaba casi abandonado y sin mantenimiento, caños y ladrillos a la vista, polvo, humedad y alimañas por todos lados. El departamento era en el segundo piso, el último del pasillo. Para su sorpresa, la puerta estaba abierta.

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“El Primer Viajero se unió al Argión, pero dejó en los Primordiales el deber de proteger y enseñar sobre él con el Gran Viaje, el cual fue imbuido en unas herramientas de gran poder, las Llaves Angulares. Cada Primordial tenía en su poder una de ellas que le permitía abrir las puertas a cada Universo Menor. Cada Primordial le atribuyó una forma única y representativa a su Llave que para el caso de la humanidad fue un libro. Estas llaves tienen en común la simbología mística de los Universos Primos: el Argión que los intercepta sin unirlos. Pero eso fue hace tiempo y los Primordiales, como seres materiales que fueron, se extinguieron y con ellos, sus enseñanzas. Sin embargo, entre los discípulos del Argión y sus creyentes se crearon sectas y organizaciones dedicadas a estudiarlo, idolatrarlo o destruirlo y durante siglos han actuado en secreto. De ellos aparecieron “Los Adversarios”. Dedicados a destruir la realidad obtuvieron una Llave Angular y se movieron entre los Universos Menores para destruirlos. De formas impensadas para la Realidad misma, sus oscuras enseñanzas se expandieron incluso por los Universos Primos creando así la “Extra Singularidad”, provocando pequeñas Singularidades destructivas que en cadena, comenzaron a colapsar los Universos Menores mezclando su tiempo, espacio y realidad. Entonces de ella nací yo, Argión en cuerpo. Por su voluntad, mi voluntad las he traído aquí, para que junto a la Llave Angular que les fue legada detengan a Los Adversarios y eviten el colapso de la realidad absoluta. Porque así es la voluntad de Argión, mi voluntad. Volverán a la tierra y encontrarán a Gabriel antes que su universo menor colapse y con el se pierda otra Llave Angular. De esta forma, y sólo así, encontraremos a Los Adversarios y detendremos el Colapso de la Realidad. En un mes el universo al que van colapsará. No fallen”

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Lucía entró al departamento, el olor a humedad y encierro era nauseabundo. Era un enorme monoambiente con apenas una cama vieja de hierro en el medio y con la ventana abierta. A pesar del vaho en aquel lugar, la cama parecía haber sido usada hace poco, había debajo de la misma un cajón abierto vacío. Se percató que cerca del umbral y salpicando la pared había rastros de lo que parecía ser sangre seca y un agujero en la pared cerca de la puerta, con una bala incrustada. Recorrió el lugar, pero sin muebles ni nada, el viaje parecía haber sido infructífero. Decidida a retirarse, dio vueltas a la cama pensativa y emprendió marcha hacia la puerta, pero algo le llamó la atención. El ruido de sus pasos. Dubitativa volvió sobre ellos, entre la cama y la ventana el suelo de madera parecía ceder y las pisadas sonaban huecas. Había visto las suficientes películas como para pensar en lo obvio. Un compartimento secreto. Tomó una tijera que tenía en su mochila y comenzó con fuerza a intentar de desarmar los tablones de madera del suelo. Con mucho esfuerzo pudo arrancar un madero no sin antes lastimarse la mano y caer hacia el suelo. Su celular salió disparado a un rincón de la habitación, pero, tuvo suerte. Debajo de los tablones encontró un cuaderno con tapa de cuero, más nuevo que el que había encontrado en el departamento de Gabriel. Dentro del mismo había algunas hojas sueltas, que Lucía pudo identificar como las que le faltaban en el diario. Mientras ella leía estupefacta las hojas del diario, su celular vibraba intensamente. Sin darse cuenta, detrás de ella, alguien entraba en la habitación.

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Alexia entró al departamento de San Justo, el lugar al igual que el anterior estaba vacío, pero frente a ella, un hombre gigante con sobretodo y máscara la esperaba. Del otro lado del teléfono escuchó una voz masculina familiar que la saludó con voz siniestra.

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Perdida entre las hojas del diario de Gabriel, Lucía escuchó un estruendo a sus espaldas y una punzada y un ardor que la atravesaba de lado a lado a la altura del pecho. Cayó hacia adelante y golpeó con fuerza su mentón en el suelo frío de madera. No podía moverse del todo, sintió calor en su entre pierna y un fuerte olor a orina la inundó. También sintió humedad y calor en el pecho. Asustada, temblaba en el suelo mientras un charco de sangre caliente comenzaba a esparcirse debajo de ella. Se arrastró por e intentó alcanzar su celular que aún vibraba con la leyenda de “Alexia” y un Emoji de un corazón azul en su pantalla, pero antes de llegar, una mano masculina adornada con diversos anillo lo recogió. Su vista se nubló y no podía ver con claridad al sujeto, excepto por unas adornadas botas tejanas de cuero marrón y algo gastadas, entre ella y las botas, vio caer una rosa. Antes de desvanecerse escuchó al hombre contestar el teléfono y decir con voz distante, “Buen viaje”, escuchó un estruendo amortiguado, seguido de una luz blanca por un breve instante y luego su vida se perdió en la oscuridad de aquel cuarto.

Epílogo

                Alexia despertó en un cuarto húmedo con paredes de acero. Mientras sus ojos aún intentaban acostumbrarse a la oscuridad de lugar, una enorme luz la encegueció. Frente a ella de a poco fue divisando las formas de miles de cientos de pantallas led sobre un inmenso mural. Tan ancho y alto que parecía infinito. En las mismas podía distinguir videos con diferentes imágenes y escenas de fantasía que no lograba comprender del todo. Entre las pantallas y frente a ella, sobre un trono de hierro y sostenida por millones de cables y caños de acero, una anciana de cuerpo delgado y desnuda la observaba distante. Escuchó un eco metálico que le penetró como una bala en el cerebro:

                -Acercate Alexia y enfrenta al Adversario-

Continúa en Cuentos de Argión VI – Carrera contra el Tiempo.